La RBIM
Chefchaouen
Grazalema
Población, Economía y Sociedad
En cuanto a los aspectos económicos y sociales, cada una de las dos orillas se ajusta a una dinámica particular, ya que han estado sometidas a variables muy distintas en los dos últimos siglos. Es en estos aspectos, por tanto, donde se aprecian las mayores diferencias entre Andalucía y Marruecos, aunque permanecen multitud de rasgos comunes claramente perceptibles, y fruto de la situación actual de los mundos rurales. Mundos que, a pesar de los cambios acaecidos, atesoran el importante capital de conocimientos que suponen las prácticas de la cultura tradicional.
A esto se añade que la socioeconomía de este espacio presenta una situación de transición, dado que Andalucía continua siendo una de las regiones más desfavorecidas de la Unión Europea y el Norte de Marruecos, en relación con el contexto sociopolítico donde se inscribe, se presenta como una de las regiones de mayor dinamismo de África.
En el ámbito andaluz de la reserva participan 61 municipios, 22 de la provincia de Cádiz y 39 de Málaga, sin embargo la población que habita dentro de la Reserva en Andalucía es tan sólo de 126.859 habitantes. Esta circunstancia es fruto de la presencia de asentamientos que mantienen una posición periférica al ámbito aunque parte de su término municipal participa de la RBIM, este es el caso de poblaciones numerosas como Jerez de la Frontera en Cádiz o Estepona en Málaga, entre otras. Bajo esta premisa la población de referencia de la RBIM asciende a 719.293 habitantes.
Este significativo número de habitantes se distribuye en núcleos de muy distinta naturaleza y cuya categorización ayuda, tanto a dibujar una imagen más real de este espacio como a acercarnos a los distintos niveles de relaciones socioterritoriales existentes en el mismo. La variedad en cuanto a número de habitantes es muy amplia, desde los 115.871 de Marbella hasta los 164 de Atajate, ambos municipios de la provincia de Málaga y que representan, respectivamente, los modelos extremos de asentamientos litoral y serrano. Así, aunque existen puntos de hábitat disperso (cortijos, casas, ermitas...), la población presenta una tendencia clara hacia la concentración, bien en el núcleo principal de cada término municipal o en algunas de las entidades menores dependientes del mismo.
En Marruecos la originalidad del Rif, en relación con otras montañas del país, es extremadamente neta en cuestiones demográficas y socioeconómicas. Aun siendo una región húmeda, es pobre y carece de infraestructuras. A esto se añade que la geografía del Rif Occidental en la que se enmarca la RBIM es la única gran montaña de Marruecos que no es berberofónica, y por ello se llama país Jbala.
El carácter rural de la Reserva en este sector es esencialmente montañoso y, al igual que en España, actualmente la red urbana se está organizando de manera jerárquica, tendiendo hacia la creación de centros de orden socioeconómico cada vez más polarizados, existiendo núcleos importantes en la periferia del ámbito, generalmente ligados al litoral, como es el caso de Tetuán, con doscientos mil habitantes en 1982 y que actualmente cuenta con el doble, mientras que el municipio de Chefchaouen, situado en el interior de la RBIM, no cuenta más que con 35.000 habitantes.
Sin embargo, en este ámbito es destacable la presencia de gran número de aldeas de montaña, denominadas aduares, dispersas por las zonas más montañosas e interiores y con algunos problemas de accesibilidad. Esto pone de manifiesto el contraste tan brutal que existe entre el medio urbano y el rural en el norte de Marruecos, donde existe una gran diferencia en cuanto a la cobertura básica de medios e infraestructuras.
En este sector de la RBIM durante el siglo pasado la población vivió de los recursos del monte, pero la introducción del monocultivo del cannabis y la inclusión de otras rentas ligadas al contrabando en la zona franca de Ceuta, junto con la perspectiva de ganancias rápidas, contribuyeron a empobrecer aún más el patrimonio forestal y las posibilidades de creación de una economía sana e integrada en la región, desarticulando el tejido socioeconómico.
En la actualidad esta problemática en el norte de Marruecos se mantiene, pero unido a las actividades tradicionales como la ganadería, los aprovechamientos forestales, la pesca y la agricultura, van apareciendo otros usos ligados a una actividad turística asociada al litoral y el interior, donde los valores naturales y culturales son determinantes. Bajo esta premisa un proyecto de dinamización del tejido social y económico, de la mano de un desarrollo sostenido, a través de la puesta en valor de los recursos, como es la creación de la RBIM, constituye una verdadera oportunidad para las poblaciones locales.


