La RBIM
Chefchaouen
Grazalema
La cultura andalusí
La cultura andalusí, aunque específica de Andalucía y el norte de Marruecos, es reconocida como una de las culturas más brillantes e influyentes que ha generado la humanidad. Las expresiones producidas en su espacio de origen, como son las bellas artes, la ciencia, la filosofía y las formas de vida, así como el papel que jugó como transmisión de conocimientos entre oriente y occidente durante varios siglos, la proyección atlántica del mudéjar y el descubrimiento y colonización de América por los españoles, han definido y significado su carácter a nivel planetario.
Esta cultura original, enmarcada en el mundo Mediterráneo, se puede definir como un contacto fecundo entre Oriente y Occidente que se fue construyendo fruto de la mezcla entre las profundas raíces ya existentes en Andalucía, y la sabia nueva que supuso la irrupción del Islam en la Península Ibérica. Su existencia tiene en Andalucía su solar principal, si bien, el norte de Marruecos se comporta como su área de expansión natural e inmediata. Su desarrollo, que tiene en el siglo X su etapa más brillante, se realiza en un entorno de dificultad y cierta inestabilidad, de hecho es una cultura de frontera, concretamente la existente entre dos mundos medievales muy potentes: el cristiano y el islámico.
En definitiva la cultura andalusí se caracteriza por la variedad, la gran vitalidad y la perdurabilidad de algunas de sus manifestaciones, tanto las monumentales y artísticas como las más populares. Son éstas últimas las de mayor presencia en la Reserva Intercontinental, dado el marcado carácter rural de su ámbito. El emplazamiento de sus asentamientos, la disposición de los tejidos urbanos y de las viviendas, las fiestas, la tradición oral, los atuendos tradicionales, la gastronomía, la ganadería, los manejos del bosque y la agricultura, conforman un patrimonio común que muestra la relación específica hombre-medio desarrollada en el ámbito declarado como RBIM.
En este conjunto patrimonial destaca lo relacionado con los aprovechamientos del agua, especialmente lo relacionado con la agricultura, dado que es durante estos siglos cuando se definen las estructuras de la mayoría de los paisajes irrigados tradicionales que permanecen en ambas secciones de la Reserva.
La tipología de los bienes culturales es, por tanto, muy diversa y abundante. En el conjunto de yacimientos arqueológicos destacan los hallazgos prehistóricos asociados a cuevas, sobre todo los que cuentan con pinturas rupestres. Abundan, también, los restos romanos, entre los que destaca el yacimiento de Baelo Claudia en Andalucía, con un grado de monumentalidad significativo en un entorno natural privilegiado. Los castillos, alcazabas y otros elementos ligados a la defensa, como las torres de vigilancia de playa y otros baluartes dispersos, así como las mezquitas, zagüias, ermitas, iglesias, conventos, palacios y casas señoriales, edificios públicos, etc., componen un significativo muestrario monumental en ambas orillas.
Las técnicas y formas de manejo del medio natural se mantienen vivas por la permanencia, de forma residual, de algunas actividades tradicionales, y por el capital que supone la memoria de la población, que ha vivido parte de su vida dentro de las estructuras tradicionales. Las fiestas, la artesanía, la disposición de las viviendas populares y la gastronomía, son manifestaciones que recogen elementos de las distintas culturas y que han construido el perfil actual de las poblaciones de la Reserva.


